7 jul. 2011

La ILP sigue viva, y con ella algunos toros

LQSomos. Julio Ortega Fraile*. Julio de 2011.

El Parlament de Catalunya ratificó el miércoles la prohibición de las corridas de toros a partir de 2012 al rechazar tanto la derogación de la primera votación como una moratoria. Y esta vez lo ha hecho por una mayoría de esas que arrancan sonrisas o encogen estómagos, según para qué le sirva a cada uno la ética.
Ahora que la sangre abundante de víctimas fáciles va a dejar de empapar la arena de La Monumental, comienzan los enajenados devaneos de esos vampirillos de tendido y bocata, y como si del editorial de un ínclito periódico se tratase, pegan capotazos a la realidad sacando desde la muleta de la conspiración hasta la del insulto. Así, los que ayer eran sus socios, hoy no son más que mercenarios y traidores que les han robado la alegría, la ilusión y el placer de ser espectadores del noble arte de la tauromaquia. Algunos llevamos mucho tiempo tratando de ver por dónde encajan los términos nobleza y tortura. Todavía no lo hemos conseguido. Será, como dicen ellos, que nuestra ignorancia nos impide comprenderlo.

El caso es que se están marcando un paseíllo con poco de marcial y mucho de desquiciado, en el que alguacilillos, espadas, picadores y monosabios de foros de Cúchares, brindan a los políticos catalanes epítetos como: cínicos, hipócritas, oportunistas, hijos de p. o nazis, siendo éste último el que más se repite, lo que sugiere que ya se les han acabado los argumentos, si es que alguna vez los tuvieron. Y no me refiero a esos anzuelos que lanzan habitualmente para pescar en datos científicos tergiversados, en la historia más negra que se empeñan en no enterrar o en un modo muy pancista de entender la libertad, sino a ser capaces de justificar con coherencia y razones que vayan más allá de sus feroces apetencias personales, por qué la violencia sobre seres vivos es una acción que la sociedad debe de permitir y de subvencionar.  Jamás lo han logrado, claro está, y así pasa lo que pasa, que cuando se dice ¡basta! con la ley en la mano, esta gente pierde los papeles, y sin guión del que echar mano sólo les queda lo que su cerebro (el mismo que disfruta viendo sufrir a un animal) es capaz de improvisar: invectivas y despropósitos.

Algunos de estos personajes, portadores de una virulencia chocante en quienes tanto repiten que los taurinos son un ejemplo de educación, civismo, respeto y librepensamiento, arengan eufóricos a sus compañeros diciendo en sus foros: “Vamos a por ellos que somos muchos más”. Menos mal que entre tanta vasoconstricción cerebral e inguinal aparece quien a pesar de su rabia conserva un ramalazo de lucidez y advierte: “No seáis optimistas, ¿cuánta gente menor de 30 años está mínimamente interesada en los toros”. Y mayor muy poquita, añadiría yo, de otro modo no necesitaría esta cruel tradición de tanto dinero público para seguir celebrándose.

* Delegado LIBERA! Pontevedra