13 sept. 2011

¿Elecciones?


LQSomos. Zerimar Ilosit. Septiembre de 2011.

Debemos empezar diciendo que cualquier semejanza de esta historia, concretamente con el reino animal de los insectos, las abejas, con lo humano, es mera coincidencia, o por lo menos así lo parece ya que en realidad no sabemos quién copio de quien, si es que la hubo…


La colmena estaba en pánico. Las abejas obreras y hasta los zánganos vagaban en desespero. Resulta que la reina había muerto precisamente unos días antes de empezar los trabajos de recogida de polen en la mejor época del año. Desorganizadas las abejas temían una por las otras de que faltase comida cuando llegase el invierno.

Encarando esa situación tan difícil era necesario escoger una nueva reina, muy diferente de lo que ocurre entra los humanos, ahí escoger el líder no requiere ninguna complicación, cualquiera  puede ser representante a los cargos máximos en las jerarquías, en esta caso hasta analfabeto…. Entre las abejas se nace reina aquella que fue alimentada durante la primera fase de la vida con jalea real. Es decir, en las colmenas las reinas nacen para ser reina. 

La situación era de suma emergencia y exigían soluciones rápidas. Como quedaban poco tiempo para la recogida de polen, la reina debería ser instruida para organizar lo más rápido posible la colmena. Pero, ¿quién haría eso? Entonces se llamó a la abeja-espía cuya función cotidiana es buscar las regiones dónde hubiese las más altas densidades de polen y no fuese hostil el lugar para ese menester de la cosecha.

Sin embargo, esta vez la misión de la abeja-espía sería otra. Habituada a convivir entre los humanos aprendió las costumbre, entender su habla y el cómo mantenerse viva cerca de ellos. Así pues sería la encargada de estudiar como los humanos instruyen a sus líderes y ahí traer una solución al actual problema de la colmena. No necesitó mucho para encontrar lo que buscaba ya que la colmena se encontraba en los jardines adjuntos cercano al denominado “congreso nacional” y observó que por allí había mucha gente y que estas llamaban a una determinada persona de “candidato” por lo que pasó a observar y acompañar a este sujeto.

Fue verificando que diariamente salía por las calles saludando y sonriendo a una gran multitud de humanos. Algunas veces se paraba con ellos y les escuchaba, aunque parecía no escuchar a nadie, otras hasta aceptaba algo de comer y beber. La abeja-espía pensó sería algo en relación con la jalea real, por lo que se animó bastante. Observó que siempre había alguien dando instrucciones al “candidato” y que éste debería escuchar y atender. Básicamente le decía: saluda, sonríe, saluda ahora con la mano, coge ese niñ@ en brazos y bésalo, come eso que te ofrecen…

La abeja-espía quedo feliz al descubrir los secretos humanos sobre la manera que tenían de escoger su “reina”, por lo que voló a la colmena y lo contó todo a los jefes que le habían encarado ese especial espionaje. De esta manera, en pocos días la reina ya estaba con plena capacidad de ejercer su poder pues fue instruida de saludar a todos y comer mucho semejante a los humanos.

La estrategia funcionó y todos estaban muy contentos y alegres con la nueva reina. Tan felices estaban que no se dieron cuenta que en los almacenes de comida había poca para enfrentar el invierno que se acercaba. El problema no fue resuelto y sí mascarado por la “felicidad” conjunta.

Pero la naturaleza es implacable. En pocas semanas el hambre abatió la colmena y con las abejas enflaquecidas no conseguían trabajar normalmente. La reina así mismo tomó actitudes drásticas y decretó que aún aquellos que estuviesen más fuertes trabajasen en beneficio de toda la comunidad. Ahí rápidamente todo volvió a la normalidad. La reina había asumido la autoridad tradicional entre los líderes y la abeja-espía fue considerada culpable por la anarquía provocada.

Triste y desilusionada ante esa actitud salió de la colmena para entender dónde se había equivocado. Llegó hasta la plaza del imponente edificio y encontró una gran muchedumbre semejante a aquella que en su momento vitoreaban al “candidato”. Sin embargo, de esta vez ellos no estaban contentos, llevaban pancartas que decía: “Tenemos hambre”, “Queremos trabajo”, “Pan para nuestros hijos”, “Estamos sin hogar y viviendo en la calle”. No sabía lo que significaba todas aquellas pancartas pero sí entendió aquella en letras muy grande que decía “HAMBRE”. Tampoco pudo entender cómo podían tener hambre con tantos árboles y flores alrededor… como ocurría en la colmena, ahí ellos tenían el esfuerzo planeado y colectivo.

Fue entonces que la  abeja-espía se dio cuenta de su equivocación. No eran las abejas de la colmena las que debían de aprender de los humanos, eran estos y precisamente los que deberían hacerlo de las abejas y su estable organización que tienen en la colmena.

¡Elecciones! ¿Para qué?