23 may. 2011

La eurocrisis y la juventud española

LQSomos. Emilio Meynet*. Mayo de 2011.

Adiós al Estado benefactor.
Cómo sufren los sectores de menor experiencia laboral las políticas de austeridad estatal, consecuencias de una historia similar a la de Argentina. Grecia, Portugal e Irlanda, tras los mismos pasos.

 
Los albores del siglo XXI encuentran a un mundo que mira perplejo cómo las tradicionales potencias mundiales parecen hundirse después de haber promocionado, usado y abusado del neoliberalismo.

Los colapsos del capitalismo que todas las latitudes de la tierra, sobre todo América Latina, sufrieron en los años noventa con pérdida de soberanía nacional, hambre y miseria; tuvo como contracara el esplendor de las economías opulentas en Norteamérica y Europa.

Hoy, mientras la naciones latinoamericanas inician un proceso de crecimiento como bloque político de poder, le llegó el turno de convivir entre ajustes, recortes, huelgas y climas hostiles en la sociedad a quienes supieron gozar de la buena vida sobre finales del siglo XX. Uno de ellos es España

Hay un sector que parece ser el más sensible al amargo final del Estado de bienestar. Ese modelo en el cual las clases medias tenían garantizada la accesibilidad a la educación, la salud y las vacaciones. Además los hijos conseguían empleos rápidamente con sueldos que les permitían comenzar a independizarse y a consumir productos dirigidos al mercado juvenil.

Si bien los ibéricos debieron aguardar hasta la muerte de Francisco Franco -en 1975- para marchar por esa senda, fueron más de 20 los años de mejoramiento económico y en el índice de desarrollo humano para el país.

Para hacer un breve diagnóstico de situación, podemos decir que corren tiempos de recortes en educación, salud, salario, jubilaciones y son los jóvenes españoles los que más sufren esta circunstancia.

El 90 por ciento de las personas que perdieron su trabajo entre enero y marzo del corriente año (más de 250 mil) son hombres y mujeres menores de 35 años. Son también las víctimas de la reducción de la población activa en el primer trimestre, con un descenso de más de 125 mil personas.

El 46 por ciento de los “parados” llevan más de un año buscando empleo. De nuevo son los menores de 35 años los que se llevan el dato amargo. El paro de larga duración (más de un año) se acerca a los 2,3 millones de desempleados.

Una de las principales preocupaciones que arrastra este fenómeno en España y otros países de Europa que atraviesan crisis similares, tiene que ver con que comienzan a nacer segundas generaciones de personas desempleadas, es decir, jóvenes que no tienen trabajo y que en su adolescencia debieron ver a su padre perder el empleo. También son niños que nacen sin ver a sus padres insertos en el mercado laboral.

Las consecuencias de ese problema se vinculan con el aspecto afectivo y psicológico que afecta a quienes día a día no pueden satisfacer con su trabajo las necesidades básicas de su familia.

Argentina, que al igual que el resto de Latinoamérica, sufrió en 2001 el colapso de toda una década de adherencia a las políticas neoliberales, fue víctima de un resquebrajamiento económico, político y sobre todo social.

Todo esto fue el resultado de la pérdida de la matriz industrial autónoma entre 1976 y 2003, que generó gran aumento del desempleo (60 por ciento en 2001). También el aumento de la desigualdad fue característico de ese período (de una diferencia de 9 veces del ingreso entre el 10 por ciento más rico y el 10 por ciento más pobre en 1974, a 39 veces en 2002) según estadísticas oficiales.

Por otro lado la imposición de ideas y valores neoliberales, de matriz ideológica y cultural individualista, anti solidaria promovieron la “cultura del reviente” y el desprecio de la vida humana porque no hay futuro ni proyectos posibles, sino que todo es producto del azar y no del esfuerzo.

Todo ese circo desolador que era Argentina en 2001, podría ser un espejo del futuro para España en caso de continuar por la misma senda. Una senda que la lleva al desempleo, la exclusión de la participación y de la política de las mayorías, el vaciamiento de las estructuras organizativas en donde el ser humano se siente contenido y puede proyectar un futuro colectivo para transformar su realidad cotidiana.

¿Grecia, Irlanda y Portugal, pasajeros del mismo tren?

Era de esperarse, para cualquier latinoamericano, el fracaso del modelo neoliberal y sus agentes -FMI y Banco Mundial- en el supuesto “rescate” de los países periféricos de la eurozona, despectivamente conocidos como PIGS: Portugal, Irlanda, Grecia y España.

Ninguno de ellos logra salir de la recesión. Por el contrario, retroceden. Su tasa de crecimiento económico es nula o negativa. Los intereses de su deuda continúan subiendo, se descapitaliza la banca nacional, el valor de los bonos es deplorable y hay protesta generalizada en las calles como resistencia a los recortes que anuncian la agonía del añorado Estado de bienestar.

En la tierra de los lusitanos se rescata a los inversores privados que, además de tener títulos de deuda pública muy lucrativos, tienen miedo a que finalmente éstos resulten incobrables. Por eso, cuando se habla de salvar a Portugal, no se refieren al pueblo portugués, sino a estos inversores que temen por su futuro.

En Grecia, recientemente, se alzaron nuevas manifestaciones en oposición a la actitud del gobierno socialista de seguir las políticas del FMI y de la Unión Europea (UE) que facilita los recortes de salarios, despidos masivos, restricción de las jubilaciones y el fin de los programas sociales. Este plan, firmado el año pasado junto con 110 mil millones que invirtieron la UE y el FMI, permitiría salvar la economía del colapso.

Por último, la República de Irlanda pasó de un rápido crecimiento económico a registrar cifras dobles de déficit público. Su desarrollo se basó durante años en impuestos bajos que atraían inversiones y multinacionales al país, y en un boyante mercado inmobiliario.

Cuando estalló la burbuja de la construcción en 2008, el valor de los inmuebles se desplomó entre un 50 y un 60 por ciento y atrapó a todos los bancos del país, que habían concedido innumerables préstamos a particulares y promotores.

Al comprometerse a ayudar a los bancos, el gobierno irlandés entregó un cheque en blanco a las entidades financieras del país y también a los bancos extranjeros que operan allí.
“El agujero bancario ha ido creciendo con el paso de los meses hasta ser equivalente a varias veces la producción anual de toda la economía irlandesa”, afirmó el 10 de Mayo el ministro de Economía, Michael Noonan, cuando anunció un recorte en los impuestos de servicios.

Todos estos acontecimientos provocaron que ya a comienzoa del 2009 se hayan observado movilizaciones de hasta 200 mil personas contra el recorte de planes de pensiones. Además, en el período 2008-2010, se registraron gran cantidad de migraciones y casi mil suicidios por desempleo.

¿Cómo encarar el dramático escenario?

Lo primero debiera ser sustentarse en la experiencia de otras regiones, cambiar la dirección del tren en el que parecen dirigirse los PIGS -o cerdos europeos- conducidos por el FMI y la UE.

Las claves parecen ser justamente las contrarias a las empleadas hasta el momento, tal como lo demostraron naciones latinoamericanas frente a la crisis: reducir la austeridad estatal y aumentar el mal llamado “gasto social” y crear empleo público o financiado con fondos públicos, entendiendo que allí reside el corazón de la crisis. Con la redistribución de la renta se aumenta la demanda doméstica y privada, así se motoriza el crecimiento económico para luego extraer los beneficios del consumo.

Esto, sumado a la exigencia al Banco Central Europeo para que cumpla su rol y compre bonos a los países periféricos de la zona euro, podría cambiar el rumbo económico y político, además de descomprimir el clima social que reina en el viejo continente. Demandas de este tipo han empujado a la juventud española a ocupar las calles de las principales ciudades del país en los últimos días.