3 oct. 2011

4 de octubre de 2009: fallecimiento de “La Negra” Mercedes Sosa

LQSomos. Daniel Chiarenza. Octubre de 2011.

Una historia para su recuerdo…

Había un boliche en La Plata en el cruce de las calles 3, 43 y la diagonal 74 que se llamaba El Almacén. A pesar del golpe del 24 de marzo de 1976 y los grupos de tareas, el local se mantuvo abierto, hasta se atrevieron a contratar a Armando Tejada Gómez. Un día, sus dueños establecieron contacto con la "Negra" Mercedes Sosa. Ésta actuaría allí el 20 de octubre 1978.


El ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires "recomendó" que no actuara porque se había constatado en Mercedes "la difusión de ideología marxista".
La convocatoria de la Negra fue todo un éxito. Actuarían vigilados por personal con ropa civil de la policía de la provincia. Estudiantes que no habían podido pasar y estaban en la vereda le pidieron a "la cantora": Cuando tenga la tierra. Fue la señal que los policías esperaban. Los 300 espectadores de adentro del local, más los 100 de afuera ante la actitud desafiante de la policía coreaban con fuerza ¡Canción con todos! Era una fiesta.
El hijo de Mercedes, Fabián Matus, desde la puerta (que no podía contener porque estaban por ingresar los milicos), corrió para avisarle a su madre. Antes de bajar del escenario un hombre de azul la tomó a Mercedes del brazo y ella, aparentemente tranquila le dijo: "Suélteme que soy una mujer". Voces de mando destempladas gritaban "tomen las carpetas con las canciones, que son pruebas testimoniales".

El oficial, jefe del operativo contestó:
-Pasa que usted canta canciones subversivas.
-¿Canciones subversivas? ¿Y eso qué es?
-Canciones de protesta, marxistas...
-¡Pero si están todas grabadas en discos y las canto siempre en todas partes!...
-Lo que haga en otras partes no me interesa; acá esas canciones son comunistas.
-¿Y entonces por qué me dejaron cantar? Hubieran prohibido el espectáculo...
-¡Escúcheme: acá los que deciden como se hacen las cosas somos nosotros!
Fueron todos trasladados en un celular hasta la seccional segunda.
Cuando Mercedes Sosa y su comitiva llegaron a la comisaría, los hicieron esperar en el hall. La cantante se quebró.

-No puede ser que por mi culpa esté pasando todo esto -decía entre lágrimas-.
-Bueno, Mercedes, está bien no te preocupes ya se va a arreglar todo -la consolaba la dueña del local-.
Un ruido insoportable venía de la calle. Eran las sirenas de los patrulleros que escoltaban los colectivos en que venían los espectadores. Los 300 fueron palpados ignominiosamente, aún las mujeres -y no había personal femenino- manoseándolas y diciéndoles que podían guardar algo "ahí

Mercedes y los suyos fueron llevados a una oficina.
-¿Y ahora que van a hacer con nosotros y con toda esa gente que está en el patio? -preguntó la tucumana.
-Eso es asunto nuestro, acá las preguntas las hacemos nosotros -respondió Ronconi (jefe del operativo policial).
-Usted es un maleducado.
-¡Y usted es una negra de mierda, y lo mejor que podría hacer es dejarse de cantar y de pudrirle la cabeza a la gente! ¡Y no vuelva a hablar hasta que nosotros le digamos! Ordenó el policía.

En eso apareció el comisario, quien les explicó que el procedimiento se había realizado porque durante el recital se habían interpretado canciones prohibidas (la validez del cargo era discutible, ya que la prohibición citada -derivada de las circulares del Comfer- alcanzaba a la difusión radial y televisiva, pero no a las actuaciones en vivo). "El juez decidirá que va a hacer con ustedes".
A la Negra la fotografiaron y le tomaron las huellas dactilares.
Insistían los de la bonaerense, ya que pedían el contrato y Fabián Matus dijo que lo había dejado en Capital, que era un acto a beneficio del partido comunista. Queriendo mostrar "sagacidad" el policía dijo "Ud. sabe que los actos políticos están prohibidos".
No se encontraba a ningún abogado, ni el juez Miguel Inchausti, padre de Chany Inchausti, líder del grupo Los Arroyeños. El juez -nombrado por la dictadura- no quiso intervenir, sólo le sugirió que se comunicara con el abogado radical exintendente de La Plata. Se hizo cargo, pero a disgusto diciendo que "iba a ser una mancha negra en su expediente".
Una casualidad hizo que el hermano que jugaba al rugby del juez Adamo llegara a la comisaría al otro día, acompañado de un médico. El profesional les dijo a Mercedes Sosa y los demás detenidos que debía trasladarlos a una habitación, para revisarlos y hacer constar su estado de salud.
-No es necesario; no nos tocaron, en ese sentido está todo bien -lo tranquilizaron.

Mercedes Sosa fue la última en recuperar la libertad. Le pagaron la suma convenida que serviría para pagar los gastos judiciales. Los periódicos reflejaron el hecho tres días después, con breves gacetillas que despojaron de todo comentario como si se tratara de un hecho "normal". Y en la Argentina de entonces lo era.
El 22 de diciembre de 1978 el juez dictó el sobreseimiento de Mercedes Sosa. Se supo que la detención de la cantante obedeció a una circular del ministerio del Interior, firmada por el mismísimo general Albano Harguindeguy, donde se decía expresamente que Mercedes Sosa debía ser detenida la próxima vez que se presentara en público. El azar dispuso que fuera en La Plata y apuró el camino del exilio de la comprometida tucumana.