16 sept. 2011

El Govern de CIU desmantela el Memorial Democràtic

LQSomos. Clamor Republicano. Septiembre de 2011.

Cuando nos lamentábamos de que después del 2010 se acababan las grandes efemérides a recordar por el Memorial y el Tripartit. Ya se vaticinaba una posible victoria de CIU y una sombra negra se cernía sobre el Memorial.
Todos recordamos cuando CIU en el nacimiento de la ley del Memorial, con la promesa de votar a favor, endosó sus enmiendas para descafeinarla para luego abstenerse, en una clara seña de identidad de su ruindad y cobardía política.
Son como los matones del colegio que se atreven a robarle el bocadillo a los más pequeños y a los más débiles mientras le bailan el agua a los más poderosos, son sólo segundones y oportunistas en la política estatal. Todos aquellos que se lamentaban de no tener un Memorial en su territorio podrán comprobar su utilidad y ver que si a la carcasa no le acompaña un sólido interior te viene el de la reforma y sólo tenemos un castillo de naipes al albur de los vientos que soplen. Ahora arrecian fuertes por la derecha, por eso se tambalea y amenaza caída y desintegración, pues si vaciamos de contenido este proyecto, sobre el que se tenía que trabajar por el camino de la verdad, la justicia y la reparación, es un arma que se vuelve nuevamente contra las víctimas, todo lo democrática como inmoralmente que quieras.

No era perfecto, era insuficiente, tibio, contemporizador con quien no quería bien a la Memoria y excluyente con quien era más exigente, clientelista e impermeable a la crítica constructiva, pero al menos no era tan contraproducente como lo será en breve. No atajó la cuestiones reivindicativas por el camino de los derechos humanos, se desentendió de la verdad, la justicia y la reparación más allá de homenajes, de la anulación de los juicios del franquismo aceptando el certificado de buena conducta para el que fuera President de la Generalitat en un teatrillo institucional bochornoso. Pero ahora se liquida, porque esto no son rebajas sino liquidación por cierre de puertas adentro de la Memoria, de cara a la corrección política en el exterior seguiremos gozando de un instrumento que no tendrá motivos para ser envidiado.

Sí, tengo memoria, y hemos sido muy críticos algunos y no me gustaría que me llamaran incoherente por defender el Memorial ahora. Defiendo un Memorial que responda a nuestras justas demandas, pero en la actual coyuntura nos encontramos con una tijera muy grande, un falso espíritu cristiano con su ras de injusticia y una cínica visión de la historia que se convierten en un peso opresor que no nos va a dejar respirar. Con el Memorial que plantea el Govern lo que pretenden es que explotemos de indignación.

Llegaron los señores de Convergència al Govern, con su Unió, cargada de fusiles de católicos rencores a poner una vicepresidenta sin el título del que presumía, la señora Joana Ortega, toreándonos con la muletilla de la socorrida transición (chollo que debería caer en desuso a partir de la reforma de la hasta ahora intocable constitución monárquica, si vamos a ser coherentes). Ahora estamos en el triste capítulo de mofa, befa, escarnio… en la tormenta de ofensas que nos mande este “Govern dels millors”. Primero fue el cierre del céntrico edificio del que disponía el Memorial, por nuestra seguridad, dicen, debido a las deficiencias que acumulaba, más o menos la de muchos otros edificios que albergan espacios públicos dependientes de la Generalitat, no digamos centros de enseñanza y barracones que hacen de escuelas. Nos prometieron una nueva y mejor ubicación, buena, bonita y barata y este verano al amparo de agosto, mes prolífico en puñaladas traperas a la democracia y a nuestros derechos, anuncia que nos manda a todos al Castell de Montjuïc.

Quien haya visitado la ciudad puede pensar que este castillo es un bonito enclave con hermosas vistas a la urbe y al mar, pero quien habite en ella dirá que está mal comunicado, tiene un difícil acceso y llegada la noche, cosa que en invierno sucede pronto, un sitio poco aconsejable. En temporada turística, o sea, casi todo el año, en una Barcelona que ha dado la espalda a sus habitantes para abrazar a urgentes y festivaleros visitantes, puedes tener la sensación de ser una atracción turística más, con panorámicas vistas flanqueadas por cañones. La memoria democrática se podrá confundir con un museo de la guerra en una fortaleza militar, dependiente de defensa hasta 2008 y ahora del Ajuntament, que también es de CIU, todo queda en casa. Así perversa y subliminalmente circunscriben la memoria de antifascistas y republicanos asesinados hasta después de los últimos estertores de Franco a 3 años, 1936-1939. Eso es lo que ellos pretenden para seguir con su asqueante discurso de que en una guerra todos matan, como dijo Duran i Lleida todos la hicieron de todos los colores. Con un matiz sin importancia ¿no, señor Duran? Unos eran unos fascistas con uniformes, sotanas, tocas, trajes de alta sastrería o mantillas, y otros defensores de la legalidad republicana. Unos con el mandato de exterminar a todo lo que oliera a rojo aunque contara con meses de vida y otros se defendían de un ataque como el que representa un golpe de estado sangriento. Nos duele la boca de decirlo. Pero no fue una guerra, fue un exterminio de lo democrático durante cuatro décadas que aún pesa sobre nuestras vidas y cada día esta más vivo. Vivimos en el déficit democrático que nos legó el franquismo y lo que viene este 20-N.

El cinismo de Ortega es tan alarmante como su falta de decencia al decirnos, como un aliciente más, que en la nueva ubicación del Memorial fue fusilado Companys y Ferrer i Guàrdia. Vaya, vaya, cuanto honor, lo dice como si así estuviéramos más acompañados por sus espíritus, debe ser por su formación opusiana. Si convirtieran todo el castillo en un memorial como Mauthausen, donde se pudiera honrar a las víctimas y denunciar a los verdugos mostrando sus caras sería diferente, pero quizá algún rostro represor le fuera próximo. Desde este castillo se bombardeaba la ciudad cuando sus díscolos habitantes clamaban justicia, quizá para congraciar la fortaleza con la población el primer proyecto era hacer un espacio por la paz en sus instalaciones. Por sus tétricas celdas pasaron incontables luchadoras y luchadores por los derechos de los trabajadoras y trabajadores desde el inicio de las luchas sindicales, muchos libertarios, como Teresa Claramunt a la que le dijeron antes de ser conducida allí en 1896, tal como ella dejó escrito:

- ¡Qué! ¿Son Vds. de las que suben a Montjuich ? ¡Virgen santa! dijo con pena la anciana ¡si supierais como les martirizan! Mi hija tiene relaciones con un militar que está en el castillo, y se halla ahora enfermo por haber presenciado los martirios que se hacen con unos hombres que están a disposición de la guardia civil.

Debe pensar Ortega que estaremos más contentos por estar más cerca de nuestros muertos, torturados y asesinados, en esa línea de pensamiento lo propio sería montar una carpa en el Fossar de la Pedrera, también en Montjuïc, junto a los miles de fusilados que allí se desesperan. Pero puede ser que le resultara un tanto incómodo tener que ir a inaugurar algún acto del Memorial junto a tanto antifascista.

Tambien dice Ortega que ya está bien de contar la historia de una manera partidista y sin rigor, como ella interpreta ha estado haciendo hasta ahora el Memorial. Quizá no se hizo una exposición sobre los curas y monjas caídos por Dios, cuyo martirio ha martilleado nuestros oídos hasta fecha de hoy, glorificados hasta en los altares, pero es que tuvieron una exposición permanente durante 40 años de dictadura y la larga propina de la transición en muros y calles de todo el estado. Además, el señor Joan Saura en un mismo día fue a poner flores a una fosa de republicanos y más tarde a una de curas. No me gustaría pecar de falta de caridad pero los miembros de la Iglesia no solían ser muy demócratas y quienes lo fueron probaron también la represión fascista.

Avanzábamos muy poco pero ahora nos obligan a caminar hacia atrás a empujones y de malos modos. Era humillante tener que pedir justicia a gritos a las siglas que en otros tiempos fueron defendidas con dignidad por mujeres y hombres que sufrieron lo indecible, algunos de los cuales ni tan siquiera sabemos hoy en día donde se encuentran. Ahora a la humillación se le suma la triste realidad de la salida en tromba de las cavernas de la extrema derecha reaccionaria, el fascismo neoliberal con traje de demócrata para defender a ultranza la Memoria que nos contó el franquismo. Quieren que volvamos a las catacumbas del olvido, ellos orgullosos y nosotros abochornados ante la pasividad de una sociedad que no entiende la importancia de recuperar la memoria democrática, quizá porque tampoco hemos sabido llegar a ella, ahogada en múltiples y graves problemas y mayoritariamente pasiva, anestesiada por la televisión.

No podemos tirar la toalla si queremos mirarnos cada día en el espejo sin avergonzarnos, porque cuando observamos nuestros ojos en el cristal son muchas las miradas que se reflejan en él, la de aquellos que con sus vidas y sus ejemplos dejaron en nosotros el poso con el que hemos construido nuestros valores. Y justamente estos son los que nos impiden cejar en nuestro empeño de luchar por ellos para salvarnos a nosotros mismos y dejar un legado de decencia democrática a los que vendrán. Porque su lucha está vigente y sigue siendo la nuestra.