26 jul. 2011

Plegarias a un Dios desconocido

LQSomos. Zerimar Ilosit. Julio de 2011.

Por las influencias que los hombres han sometido a otros hombres es que “conocemos” a dios. Nunca jamás se nos ha manifestado deidad alguna, y ha habido y hay gran cantidad de ellas. Es pues a las conclusiones a que llegamos ante tal situación. No necesitamos saber si “él” es bueno o malo; si creó el mundo y posteriormente pretende destruirlo; no necesitamos de un dios que nos explique la inmortalidad o la injusticia de las muertes habidas o por haber. Es mucho mejor buscarle sentido a la vida dentro del raciocinio. No necesitamos de un dios que sea puro, infalible y misericordioso viendo las consecuencias de sus creaciones. Ante estas y otras facultades de razonar si él existiera de verdad, tendría que decir: “¡Aquí estoy yo!”, sin engañosos intermediarios.


Lo que en realidad sabemos del personaje de dios es apenas lo que quisieron enseñarnos y tuvimos que aprender por obligada imposición; lo que en su momento aprendimos en aquellos años de catequesis y que aún, por los intereses de los familiares a que pudiéramos pertenecer, o los abuelos continuaron con esas letanías religiosas. Sin olvidar, por otro lado, que muchas familias dejaban que fuésemos doctrinados porque el régimen así lo quería. Aún cabe decir que sabemos lo que es la religión que nos impusieron por nuestras propias lecturas personales. De ahí es que llegamos a sacar, cada uno en su momento, las propias conclusiones. Positivamente descubrimos que aparte del dios padre, su hijo y espíritu santo, sin dejarnos en el teclado las correspondientes vírgenes y santos, “existieron” otros “dioses” como Buda, Alá, aún muchos otros de la antigüedad: Zeus, Odín, Amón-Ra, siempre “comprendidos” y “vistos” bajo el carisma de sus seguidores y representantes.

Leímos y analizamos artículos sobre teología en periódicos y revistas especializadas, los apuntes sacados de enciclopedias sobre esas varias religiones. Los adoctrinamientos de la religión católica y protestante en TV como sus nuevos medios propagandísticos, la propia biblia y evangelios, o cualesquiera otros libros sagrados. Leyendas sobre las que se fundan toda clase de religiones, así como de sus respectivos cleros, que por cierto son ellos los únicos que hablan con el dios de turno y saben interpretar los signos divinos, misteriosos…

Son esas y muchas otras interpretaciones las cuales tenemos que objetar y por las que nos recusamos a aceptar. No permitimos que nuestras lúcidas mentes sean sometidas a presiones externas y extremas. Unos dogmas de fe como esos, nacidos de tradiciones de sociedades arcaicas, como pueden ser la navidad, reyes magos, semana santa, pascuas, que en realidad son meros actos consumistas; o aún las peregrinaciones a monasterios marianos, etc., son necesariamente todo y en conjunto una falacia.

Es el caso de ser cristiano porque lo bautizaron, sin su consentimiento expreso, o por celebrar la navidad ya que el papá Noel “existe…”, en esos días nada más; o ser budista porque la indumentaria color naranjado guste…, todo eso son absurdos.

El creer por tradición, por lo manifestado por nuestros mayores, se termina creyendo por conformismo. Si de la misma manera que tocamos las palmas en un espectáculo que no nos haya gustado, de la misma manera los asiduos creyentes terminan por creer en un dios que es una quimera, un dios que nada da excepto muchos engaños y unos absurdos mensajes ininteligibles que ni siquiera creemos digno de una segunda mirada ni deducción.

Ante estos razonamientos, el tener una fe hipócrita y que aún nos impusieron, preferimos no tener ninguna creencia dedicada a un supuesto dios tan complicado, desconocido… Queremos ser nosotros mismos con ideales individuales y no impuestos, porque unos ideales aceptados por la fuerza son estos como esa misma hipocresía que ya conocemos basadas en la fe.

Insistimos, una religión es siempre el conjunto de dogmas que como sabemos “es la proposición que se asienta por firme y verdadera y como origen innegable de una ciencia; aún, verdad revelada por Dios y declarada y propuesta por la Iglesia Católica y bases o puntos fundamentales de todo sistema, ciencia, doctrina o religión”, y estas son siempre impuestas. Ellos te imponen unos límites sobre qué dios debe adorar y cuáles son los rituales concretos para hacerlos agradables a las divinidades, pues tú por mucho que la fe te domine, solo el clero sabe los designios del creador. Resulta que nosotros que vivimos en sociedad tenemos unos códigos de conductas, pues también hay que tenerlos para con los dioses, mismo que estos no sean físicos. ¡Todo esto es inadmisible, absurdo! ¿Cómo podemos creer y querer a un dios si lo estamos “conociendo” de acuerdo con las leyes humanas y estas aún disfrazadas como “mensajes divinos e inmutables”?

Desde tiempos inmemoriales los dioses escogen sus mensajeros, entre ellos “los mesías”, para transmitirnos sus teologías. Pero seamos objetivos. Un dios que no se considera digno de sí mismo y necesita intermediarios e intérpretes, un dios que delega en otro dios, caso del cristianismo, no merece ser considerado como tal.

Es el caso de Jesús, sus funciones de “mesías” no merece ser consideradas como tal. Los dioses que adoran la mayor parte de la humanidad son una quimera que a pesar de que muchos de esos creyentes lo saben, no les interesan abandonar ese redil.

Podemos asegurar, bajo el concepto de la razón, que ningún dios se ha manifestado jamás, así pues, si no lo ha hecho después de tantos siglos adorando a una infinidad de ellos, es que no existen. La cosa es muy simples: existir es manifestarse visible y materialmente sin necesidad de intermediarios.

Uno de los muchos caballos de batallas de las religiones y nos referimos al cristianismo, es que “el aire existe pero no se ve” y con dios ocurre lo mismo. Pero eso es más una falacia, recordemos, aunque sea solo de mención, lo que hacen los huracanes… Siguen diciendo que los sentimientos son materias palpables que están dentro del hombre, es una manera de que dios se manifiesta en su corazón… ¡Concedámosle esa ilusión!
Pero eso mismo implica un dios individual que los creyentes defienden y no es el único en todas las iglesias y religiones. Los templos están cada vez más vacios de gentes, pero llenos de altares, iconos, imágenes, en definitivas de dioses ficticios, y sabemos también que muchos fieles están cansados de esperar a ese dios, o dioses desconocidos, porque nunca lo han visto y nunca lo verán, ni aquí ni en el otro mundo. 

He aquí el buen sentido que nos dejó Giordano Bruno: “Las religiones no son más que un conjunto de supersticiones útiles para mantener bajo controles a los pueblos ignorantes”.