13 may. 2011

Contra el fascismo socioeconómico, ¡indígnate, movilízate, organízate!

LQSomos. Ángel Escarpa Sanz. Mayo de 2011.

Un ciudadano, al que conozco en la fotocopiadora del barrio, al observar mi interés por un manifiesto que él grapa hasta conseguir un montón de folios, destinados a ser difundidos entre la ciudadanía, me larga uno de éstos y entablamos una interesante conversación.
El folio va acompañado de una hojilla en la que, bajo el enunciado de un poderoso ¡INDÍGNATE!, en rojo, y el ya popular megáfono del libro de Stefane Hessel, se le pide a la ciudadanía que salga a la calle a defender sus derechos el 15.05.11, NO SOMOS MERCANCÍA EN MANOS DE POLÍTICOS Y BANQUEROS, termina proclamando.

Aún no está todo perdido. Aún hay gente en esta ciudad que cree en el valor de la octavilla, en el valor de la palabra y de la movilización, en la democracia.

Porque, en definitiva, no es éste un papel más de esos que ahora tanto proliferan por las calles de nuestras ciudades, junto con los sonrientes rostros de los políticos profesionales que desde los muros nos enseñan los dientes,  pidiéndonos nuestro voto en la próxima convocatoria del 22M. Ahora de lo que se trata es de salvar la democracia, eso que tanto se pavonean ellos de representar en sus consejos de ministros, su Senado, su Congreso de los Diputados, su Día de las Fuerzas Armadas, de la Fiesta Patria y el de la Comunidad Autónoma, que para todo se sacaron un día de fiesta de la manga cuando tuvieron que improvisar este circo una vez que, entre todos, dejaron morir al Dictador en su cama, aceptando que en su lugar reinase el hijo de un miserable, hijo éste a su vez de otro miserable que fue expulsado de la Patria por traición a ésta y por el asesinato de los capitanes de Jaca.

Porque si algo queda claro en estos años de posfranquismo, que no de democracia, es que ésta continua secuestrada. Si en los años del Dictador el Régimen mantenía arrestada a la democracia en los cuarteles, en los cartelillos de la Guardia Civil y bajo las cúpulas de las iglesias, es más que evidente que la banca, los empresarios y amplias parcelas de la clase política, se han beneficiado a aquella democracia por la que tanto se peleó en el pasado, por la que tanto suspiramos y cantamos en los años oscuros del franquismo. Desde 1982 para acá, PPSOE, literalmente, han embargado este país, política y económicamente. Han cerrado todas las salidas y han convertido esto en un inmenso cepo, del que es poco menos que imposible escapar.

Si hay algo realmente destacable en ese folio, es que no se nos pide nuestro voto para otra “nueva” candidatura, de izquierda o de derecha. Aquí, lo que se nos pide es, lisa y llanamente, que rescatemos del naufragio este país: la Sanidad Pública, el derecho al trabajo, las libertades en peligro, el derecho a una vivienda digna, el derecho a la cultura, a la educación, al medio ambiente, al agua, a la participación ciudadana, el derecho a un futuro, todo eso que se ha dado en llamar la memoria histórica, patrimonio de todos aquellos pueblos que sufrieron en el pasado una larga y sangrienta dictadura fascista. Es preciso que la lacra de la corrupción desaparezca de nuestra sociedad, así como las influencias y el favoritismo; las lacras que la actual clase política deja tras de sí después de estos tediosos treintaiseis años de andadura tras la extinción de la Dictadura. Que la Ética, la honestidad pública, la pasión por la política, y no el afán de lucro, sean restituidos a su lugar.

Algunos, la izquierda particularmente, tenemos memoria de que, nuestros padres, nuestros abuelos, se echaron a las calles, antes del alba, como dice el título del libro del brigadista Arthur London, para salvar aquella República del nazismo, por el pan, el trabajo y la libertad, en el ya lejano verano de 1936. Otros, para ejemplo de esta y todas las generaciones, ya lo habían hecho antes para rechazar a las tropas napoleónicas, el 2 de mayo de 1808.

Ahora no se trata de tomar la navaja ni el fusil, ni de calzarnos un casco de acero en la cabeza. Ahora se trata de movilizar a todos aquellos que creen en los valores genuinamente democráticos, para restablecer un régimen auténticamente democrático, donde ni los derechos dinásticos, de sangre o económicos, prevalezcan sobre los del ciudadano medio. Es necesario que, de una vez y por todas, se haga pedagogía desde los órganos de Poder. Hace muchos años ya que dejamos de ser aquellos tristes vasallos con boina, humillados por las lluvias del invierno, el sol de los veranos y el mal vino de las tabernas, para convertirnos en ciudadanos de pleno derecho, que exigimos y mandamos. Salimos de una cruel dictadura para convertirnos en una cancha deportiva, en la que la inmensa mayoría actuamos de recogepelotas, en tanto que los triunfadores se alzan con la bolsa de los “campeones”.
Nos negamos a seguir representando el triste papel de miradores de una pantalla donde se representa una cruel e infame comedia.
Hace solo unos días ustedes mismos decían a todo aquel que quisiera escucharles: España está de moda. ¿En qué, en corrupción, en fracaso?

Quizás sea excesivo afirmar que la clase política, los  banqueros, han actuado en este país como pirañas, termitas, que se han limitado ha arremeter y prevenir a sus votantes contra el contrario, en tanto privatizaban lo más jugoso del patrimonio y ponían al País a la deriva.  
Creemos en la democracia, con mayúsculas, y no vamos a renunciar a ella porque unos cuantos maleantes la hayan privatizado en beneficio de una minoría.