18 abr. 2011

Ostera – historia de la Pascua

LQSomos. Zerimar Ilosit. Abril de 2011.

En el hemisferio norte, mucho antes de ser instituida la festividad como la resurrección del personaje de Jesús, la pascua anunciaba el fin del invierno y la llegada de la primavera. Ella siempre representó el paso del tiempo tenebroso al de la luz. Obviamente esto ocurría mucho antes de ser copiadas y adaptadas a las exigencias para que fuesen usadas por el entonces naciente cristianismo y que hoy celebran como si fuesen suyas.

La palabra “pascua” del hebreo “peschad”, en griego “paskha” y latín “pache”, significa “pasaje”, una transición anunciada por el equinoccio de primavera (o Nerval) que en el hemisferio norte ocurre entre el 20 y 21 de marzo y en el sur,  entre el 22 o 23 de septiembre.

La pascua judía es el 11 de Nissan, según su propio calendario y que precede a la “Fiesta de los Panes Ácidos”. Generalmente el nombre Pessach está asociado también a la fiesta que celebran recordando la liberación del pueblo de Israel del yugo egipcio, conforme el libro de Éxodo.

La versión cristiana tiene sus orígenes en la fiesta judía, pero con otro significativo diferente. En el cristianismo la pascua representa la muerte y resurrección de Jesucristo, que por otro lado supuestamente ocurrió en la Pessch y considerada prefiguración pues en ambos casos se conmemora una “liberación del pueblo de dios”.

En realidad para entender el significado de la pascua cristiana, ya que no tiene nada original, todo ha sido copiado, reformado y vuelto a corregir conforme el mundo ha ido avanzando por lo que es necesario volver al pasado y empezar por recordar a los antiguos pueblos paganos europeos que en esa época del año homenajeaban a Osta, o Esther, en inglés. Easter quiere decir Pascua. 

Osta es la diosa de la Primavera, lleva un huevo en su mano y está observando un conejo, símbolo de fertilidad, saltando alegremente alrededor de sus pies desnudos. La propia diosa y el huevo son símbolos de la llegada de una nueva vida. Ostera equivale, en la mitología griega a Persephone y en la romana la Ceres.

Así pues, estos antiguos pueblos conmemoraban la llegada de la primavera decorando huevos. Según parece la costumbre viene del siglo X, en Inglaterra, durante el reinado de Eduardo I (900-924), tenían el hábito de bañar los huevos en oro y ofrecerlo a sus amigos y políticos aliados.

El huevo es uno de estos símbolos que prácticamente se explica por sí mismo. Él contiene el germen, el fruto de la vida, por lo que representa el nacimiento, el renacer, la renovación y la creación cíclica. De un modo simple podemos decir que es el símbolo de la vida.
Los celtas, griegos, egipcios, fenicios y muchas otras civilizaciones creían que el mundo había nacido de un huevo. En la mayoría de las tradiciones, este “huevo cósmico” aparece después de un periodo de caos.

Los conejos no ponen huevos, ¡es obvio! La tradición sobre el “Conejo de Pascua” fue llevada a América por los emigrantes alemanes allá por el año de 1700. El conejito visitaba a los niñ@s escondiendo sus huevos coloridos que ellos tendrían que encontrar en la mañana de Pascua.

Otra leyenda cuenta que una mujer pobre pintó algunos huevos y los escondió en un nido para que sus hijos los encontrara en el día de pascua. Cuando la chiquillada descubrió el nido, un gran conejo pasó corriendo. Así pues se esparció la historia de que un conejo fue el que trajo los huevos. A todo eso, ¿Quién duda de los hechos?