24 abr. 2011

Accidentes nucleares y crisis económica

LQSomos. Antoni Puig Solé. Abril de 2011.

Al ver las consecuencias terribles de los accidentes nucleares en Japón, albergué la esperanza que ante la terquedad de los hechos todo el mundo apostaría por las energías limpias.

Mi opinión cambió al recordar como se ha actuado en otras crisis relacionadas con la energía.

El ejemplo que me vino a la cabeza fue el anuncio del Pico del Petróleo que nos alerta que dentro de unos años sufriremos una escasez de hidrocarburos. Pero esta advertencia no fue suficiente para modificar las estrategias dominantes: Las grandes empresas apostaron para adentrar las perforaciones petroleras y por la apertura de nuevos puntos de explotación.

Paradójicamente, la apuesta energética expansiva coincidió con una serie de desastres medioambientales debido a vertidos en el mar, con efectos nocivos y duraderos. Aún así, las grandes multinacionales continuaron con sus planes.

Ahora, mi conclusión es la siguiente: La catástrofe nuclear, el Pico del Petróleo y los efectos perversos de los vertidos sin control de hidrocarburos hacen evidente la necesidad de un cambio. Lo que ocurre es que hay una minoría poderosa a quien el cambio no le conviene. Esta minoría puede tener un interés relativo por las energías limpias, siempre que generen ganancias. Pero sigue jugando a fondo con la energía nuclear y apuesta por una sociedad gobernada por el petróleo, puesto que esto es muy beneficioso para ella.

La reflexión que acabo de hacer, permite enlazar con otra sobre la crisis económica:

En el momento que estalló la crisis, muchos analistas de izquierdas la catalogaremos como un accidente ocasionado por un capitalismo que en las últimas décadas ha apostado por las políticas neoliberales. Algunos, con una cierta ingenuidad, llegaron a creer que la crisis liquidaría el neoliberalismo y abriría condiciones óptimas para un cambio de modelo. Otros, más prevenidos, mantuvimos que el desenlace no estaba predeterminado: dependería del conflicto social. Advertiremos, a la vez, que si la correlación de fuerzas era desfavorable para los de bajo la crisis acabaría beneficiando en el capital monopolista y financiero.

Personalmente subscribí esta última conclusión, a partir de la evidencia histórica que muestra que las crisis favorecen más a la derecha que a la izquierda puesto que empujan a la gente a recluirse en su esfera familiar y personal con el fin de intentar torear el temporal. Por esta razón, aquí y en otros lugares, estamos asistiendo a un resurgimiento del nacionalismo y la xenofobia mientras se debilita la solidaridad.

Ahora, uno de los problemas gruesos es que mucha gente no relaciona las consecuencias perjudiciales de esta crisis con el sistema económico y con las políticas neoliberales que la han provocado.

Volvemos de nuevo al desastre nuclear de Japón y a sus consecuencias políticas:

En estos momentos, a pesar de la apuesta de los poderosos a favor de la energía atómica, los que nos oponemos a este tipo de energía, tenemos una innegable legitimidad moral para pedir el cierre de las nucleares: No hemos construido la argumentación al estallar “la crisis nuclear”. ¡Lo hicimos cuánto las nucleares “funcionaban relativamente bien”!

La situación en relación a la crisis es parecida. La crítica al capitalismo y a su variante neoliberal ya la habíamos formulado cuando el sistema funcionaba “razonablemente bien”, que de hecho es lo que ocurre durante periodos largos.

Conviene no olvidar que cuando el capitalismo funciona “razonablemente bien”, sigue siendo problemático: explota a las clases trabajadoras, ensancha las desigualdades, destruye el medio, genera violencia,..., y es alienador. Algunas de estas taras se suavizaron durante el periodo histórico conocido bajo el nombre de keynesia. En cambio, empeoraron con las políticas neoliberales.

Pero, como decía hace un momento, todavía hay una gran parte de la ciudadanía que no percibe la crisis como un accidente provocado por este sistema.

Con los accidentas nucleares del Japón, puede pasar algo pareciendo si los poderosos acaban convenciendo a la gente que todo es culpa de una catástrofe natural, de un error humano o de una cadena de errores. Esto los permitiría exculpar a la energía atómica que ha sido la que ha ocasionado la catástrofe y así podrían seguir enriqueciéndose con sus negocios nucleares.

¿Tenemos que ser pesimistas? ¡No! ¡Ni hablar!

Se trata, únicamente, de ser conscientes:
1) que existe una imperiosa necesidad de dejar a cuerpo descubierto cuáles son las verdaderas causas de los desastres medioambientales y sociales y 2) que hay que construir una propuesta política que ponga freno a las intenciones de unas clases dominantes, minoritarias, pero poderosas, enloquecidas por su sed de ganancias.