27 mar 2011

Gente pequeña


LQSomos. Teodoro Santana*. Marzo de 2011.

Desde las alturas de los consejos de administración de las grandes multinacionales, usted y yo somos “gente pequeña”, diminutas cifras en sus cuentas de resultados. ¿A qué preocuparse por unas millonésimas?

Pero resulta que yo estoy de parte de la gente pequeña.

A diez o veinte mil pies sobre el suelo, los libios, los palestinos, los afganos, usted o yo, parecemos insignificantes hormigas, pequeños daños colaterales.

Pero resulta que yo estoy de parte de la gente pequeña.

Gente que, por unas razones u otras, no han podido tener una carrera universitaria ni, por lo tanto, un título en la pared con el que presumir. Si tienen suerte, trabajan cada día por un sueldo de miseria, hundidos en la pequeñez de sus vidas.

Pero resulta que yo estoy de parte de la gente pequeña.

Son la carne de cañón de todas las guerras, los que salen cada mañana a poner en marcha el mundo, pero no deciden ni siquiera la dirección de sus propias vidas. Para los amos del mundo son totalmente insignificantes.

Pero resulta que yo estoy de parte de la gente pequeña.

No son grandes personajes, sino todo lo contrario, porque la grandeza no está hecha para ellos. No se codean con la gente importante, sino con sus iguales miserables. Subsisten a duras penas en la periferia de la vida. Vistos desde las prominencias de las grandes metrópolis imperialistas, son poca cosa, apenas nada.

Pero resulta que yo estoy de parte de la gente pequeña.

Para los burócratas que se instalan cómodamente en las cúpulas partidarias, su persistencia es majadería, sus convicciones terquedad, su sentido común ignorancia de gente de provincias. Sesudamente mueven sus cabezas y murmuran: “¡Estos canarios!”

Pero resulta que yo estoy de parte de la gente pequeña.

No tienen ilustres antepasados, ni familias de ringo rango, ni apellidos dobles. Asalariadas. Pobretones. Paradas. Albañiles. Camareras de piso. Maestros. Ya les digo, “gente pequeña”.

Pero resulta que yo estoy de parte de la gente pequeña.

De los que heredarán el mundo. De la sal de la tierra. De mi gente.

Sí, estoy de parte de la gente pequeña.