27 ene. 2011

El escorpión sindical


LQSomos. Teodoro Santana*. Enero de 2011

En una vieja fábula, atribuida a Esopo, un escorpión le pide a una rana que le ayude a cruzar el río, prometiéndole no hacerle ningún daño. La rana accede subiéndole a sus espaldas pero, cuando están a mitad del trayecto, el escorpión pica a la rana. Ésta, agonizante, le pregunta incrédula: “¿Cómo has podido hacer algo así? Ahora moriremos los dos”. Y el escorpión responde: “Lo siento, no lo puedo evitar: es mi naturaleza”.

De la misma manera, los dirigentes de CCOO y UGT tampoco han tenido elección. Se trata de su naturaleza burocrática, anclada en los viejos métodos pactistas, aunque estos ya no sirvan en la nueva situación. Dispuestos a aceptar cualquier cosa con tal de no entrar en una dinámica de confrontación, aceptan no solo el alargamiento de hecho de la edad de jubilación y el recorte de la cuantía de las pensiones, sino además el mantenimiento de la contrarreforma laboral, con el consiguiente abaratamiento de los despidos.

Y eso por no hablar de “daños colaterales” como la supresión de las ayudas a los parados que han agotado sus prestaciones o la privatización de las Cajas tras sanearlas con dinero público.

La Huelga General del 29 de septiembre pasado, a la que se vieron arrastrados por sus propias bases, les supuso un trauma difícil de superar. Ahora se trata de vender la moto y seguir con lo de siempre, aunque desde el bloque capitalista no haya nada que ofertar. Por mucho que Toxo y Méndez traten de vender su “heroica” negociación, el resultado es que los trabajadores salimos perdiendo una vez más.

Toda la disculpa de los burócratas es que “podía haber sido peor”. Magnífico argumento cuando se está dispuesto a aceptar lo que te echen. Siempre puede ser peor. Pero en este caso, lo peor es la división que genera su actitud entreguista, basada en la fanática fantasía de que sentados en una mesa y manteniendo desmovilizados a las trabajadoras y trabajadores conseguirán “algo” gracias a sus dotes persuasivas. Como si el capital no tuviese claro lo que hay.

Ellos, en cambio, siguen dispuestos a seguir negociando lo que la ministra Salgado ha calificado de “pequeños ajustes” durante la tramitación parlamentaria de la salvajada. Eso sí, mientras tanto, quietos parados, no vaya a ser que nuestros grandes líderes sindicales se vayan a herniar con movilizaciones.

Como se dice, la cabra tira al monte. Y este monte no es otro que la muerte, más o menos rápida o en un lento e imparable goteo, de UGT y CCOO. Salvo claro, que sus propias bases y sus cuados intermedios se impongan y cambien la deriva suicida impuesta por sus cúpulas burocráticas. Y se unan a la resistencia unitaria que está conformándose en todo el Estado.