25 de ene. de 2011

Cazadores en las aulas

LQSomos. Julio Ortega Fraile. Enero de 2011


Mis hijos comprenden el concepto de la muerte. Saben que algún día llegará la de sus padres y también lo hará la suya. Nunca les he ocultado una realidad que es absurdo tratar de ignorar, ni se la he edulcorado con promesas tan difíciles de formular por quien no cree en ellas, pero si de algo me he preocupado es de inculcarles el respeto a la vida haciéndoles entender que no se la pueden quitar a nadie, y que es su obligación – y derecho – luchar para evitar que otros, abusando de su fuerza o poder, se la arrebaten a alguien o le inflijan sufrimiento.

Por tal motivo, como padre, no consentiría que se presentasen unos individuos en su Colegio para explicarles que, “como la muerte en la Naturaleza es consustancial al ser vivo”, está justificado que el hombre mate animales por placer. Sin embargo, aquellos cuyos hijos estudian en centros de Castilla y León, van a tener, a menos que lo impidan, que transigir con que el Presidente de la Federación de Caza de esa Comunidad, acompañado de colegas de afición, se pasee por las aulas para trasladar a los alumnos un mensaje que niega el derecho a la vida de ciertos seres y ensalza su eliminación. Afirman estos escopeteros no estar dispuestos a seguir admitiendo que en las escuelas se imparta lo que ellos denominan una “cultura de Bambi”.

¿Qué hay detrás de este proyecto de incursión en las clases para que con sus manos manchadas de sangre y con sus ojos ávidos de contemplar la agonía ajena, esta gente se siente ante los críos diciéndoles que disparar a un animal es algo divertido, necesario y natural, y lo hagan presentándose no como lo que son, unos ejecutores, sino como ecologistas que juran amar a quienes matan? Pues está su malestar por la progresiva disminución de licencias y por la ley que afectará a las armas, así como el deseo de que aumente el número de batidas de lobos permitidas en Castilla y León. Aseguran que es una especie “emblemática” y que autorizar la muerte de más “favorecería la llegada de cazadores de otras comunidades”. Todo un llamamiento a un turismo sanguinario para aniquilar a una criatura que sin duda, les supera en nobleza.

Señor Santiago Iturmendi, no sé qué harán esos padres, pero le garantizo que si ustedes irrumpen en el Colegio de mis hijos para intentar arrancarles su respeto por los animales y envenenarles con su pasión por exterminarlos, yo no me iba a quedar de brazos cruzados. Y le vendría bien saber que mis niños no creen en Bambi, pues no necesitan que un animal hable para respetar su derecho a la libertad y a la vida. Tal vez sea Usted quien precisa aprender.


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