23 ene. 2011

Y ahora, la Policía del Pensamiento


LQSomos. Teodoro Santana*. Enero de 2011.

Imponer una política de recortes drásticos en salarios, de pensiones y de derechos sociales y laborales, necesita el acompañamiento imprescindible del recorte de libertades y la adopción de medidas represivas. Se trata de que los agredidos ni siquiera chillen: palo y tentetieso.

Después de intentar poder cerrar a sin tutela judicial –de hecho, de forma prácticamente extrajudicial– páginas web con la Ley Sinde, después de mes y medio de someternos a la modalidad de estado de excepción denominada “estado de alarma” –con la militarización anticonstitucional de trabajadores–, después de detener a ciudadanos por “alimentar” la web legal www.apurtu.org  porque, según Rubalcaba, dicha web “intenta presionar al Gobierno en el ámbito de la política penitenciaria”, llega ahora el anuncio de la implantación pura y dura de la Censura, al viejo estilo franquista.

Lo ha anunciado el ministro de la Presidencia, Ramón Jáuregui, que ya fuera dirigente clave en el PSOE de los GAL: van a crear lo que llaman “Consejo Estatal de Medios Audiovisuales”, para sancionar lo que califica como “valores devaluados de convivencia” y “climas de crispación y enfrentamiento” y la “entronización de falsos valores” que atenten contra “los principios de la convivencia democrática“.

Así que ya saben: nada de “crispaciones” –como las de una huelga general, que encima debe ser delito, ya que “presiona” al gobierno– ni de cuestionar los principios democráticos (burgueses). Y, por supuesto, a esperar que esa comisión censora –e “interventora” y “sancionadora”– nos diga qué valores son “falsos” y cuáles “verdaderos”.

Y claro, a quienes estamos contra los “principios de la convivencia democrática” –es decir contra sus principios de convivencia burguesa, sustentados en el registro de la propiedad y el trabajo esclavo– se nos va a caer el pelo. Y ello sin ni siquiera guardar las formas judiciales, sino con poderes puramente policíacos. Es lo que tiene la tentación fascista, que es muy golosa.

La excusa claro, es la telebasura. Una excusa muy poco creíble cuando, paralelamente, el propio Jáuregui descarta prohibir los anuncios de prostitución en los medios de comunicación, y opta por la “autorregulación”. Pero claro, el mercado de la carne humana no pone en peligro el negocio de los bancos ni de las multinacionales.

Ni pensiones, ni salarios dignos, ni derechos, ni cuestionamiento del sistema, ni libertades. En cambio, que no falte la prostitución. Sobre todo, la más abyecta prostitución política, que es la que permite pagar las campañas electorales.