LQSomos. Julio Ortega Fraile. Junio de 2011.

En la película “Tiempo de matar”, un abogado trata de convencer al jurado en su alegato final de que su defendido actúo como cualquier padre haría al disparar contra los que le infligieron un daño atroz a su hija. Para ello propone a los doce miembros – mayoritariamente blancos, en la Norteamérica de los años 50 y que ya habían decidido declarar culpable al acusado, un hombre negro – que cierren los ojos e imaginen la escena: dos individuos se encuentran con la niña, la tiran, le arrancan la ropa, le orinan encima, se suben a ella y la violan, le lanzan latas llenas de cerveza, le cuelgan con una soga de una rama, ésta se rompe y su cuerpo cae al suelo, le disparan en la espalda y, finalmente, le arrojan desde un puente a un arroyo y allí le abandonan creyéndola muerta. Al terminar la descripción de los hechos les pregunta: “Pueden verla? Violada, con el cuerpo roto, empapada en orina, en esperma, en su sangre y dejándola morir… ¿Pueden ver ahora a esa niña? Pues ahora imaginen… imaginen que es blanca”.