4 oct. 2011

Qué barata les salió nuestra legalización…

LQSomos. Ángel Escarpa Sanz. Octubre de 2011.

Por estas fechas se ha conmemorado en España la ejecución de cinco militantes antifascistas, las penúltimas; que el franquismo, negándose a desaparecer, aún habría de ensañarse con las vidas de los 5 abogados de Atocha, los numerosos obreros masacrados por la Policía  y la Guardia Civil en Vitoria, en Andalucía, en Madrid; allí donde los cachorros de la extrema derecha tuvieron un espacio de poder y la tolerancia del “Glorioso Movimiento Nacional”, del que don Juan Carlos es hijo natural.


Mucho podría decirse acerca de esta especie de venganza en las personas que nada tuvieron que ver con la contienda de la Guerra Civil, pero a mí lo que me importa es la desidia con que se ignoran estas ejecuciones.

Si quitamos ese monumento que es la magnífica Al alba, ¿con qué nos quedamos?
Mil veces que escuchemos la composición de L. E. Aute otras tantas nos veremos traspasados por la emoción -me refiero, claro, a la gente que hicimos nuestras las caídas de los camaradas Baena, Sánchez Bravo, Otaegui, Sanz, Juan Paredes.

Cinco orificios en la memoria de estos pueblos y poco más que un modesto documental, un libro de urgencia, y esa hermosa canción. No es mucho. Sobre todo teniendo en cuenta las formidables producciones soviéticas en torno al acorazado Potemkin y la Guerra Patria; sobre la resistencia en las ciudades en aquella guerra antifascista; la espléndida película sobre las ejecuciones de Sacco y Vanzetti, con la inolvidable balada de Joan Báez y de G. Moustaquí; los formidables Noveccento de Bertolucci; las demoledoras acusaciones en forma de poderosos filmes del director de Z, Estado de sitio, La caja de Música, Amén.

Claro que, reivindicar la memoria, año tras año, el sacrificio de estos camaradas, puede resultar, además de cansino, incómodo. Porque  hacerlo es “políticamente incorrecto”. Es tanto como reivindicar la lucha armada. Precisamente cuando ya se estaba “tocando poder” con las puntas de los dedos, con las bendiciones de Washington, y de Europa; cuando con la boca pequeña se decía en los mítines de Roma, de París, allí donde alguien quisiera escucharlos, que Juan Carlos carecía del carisma y de la autoridad necesarios para asumir la corona; que la República era la única alternativa para España. Pero no se puso ninguna objeción a que fueran los asesinos de Julián Grimau, de Salvador Puig Antich, de Cristino García, de Salvador Rueda, de Ruano… los mismos que celebraron su triunfal entrada en Madrid con el fusilamiento de las Trece Rosas, los del aceite de ricino y los encuentros en Bordiguera y en Endaya con Hitler y Mussolini; los que bendijeron los aviones que partieron al amanecer para arrasar Guernica, los que segaron en la flor de la edad las vidas de Federico, de Miguel, las de tantos y tantos jóvenes y ancianos que purgaron sus “crímenes” en los campos de Castuera, Albatera, en Burgos…;los mismos que aceptaron de las manos de GESTAPO a Lluis Companys y a Francisco Cruz Salido para ponerlos delante de un pelotón de fusilamiento…, los que nos legalizaran. Aún se permitieron la cruel chulería de imponer al Gobierno de entonces que fuese de noche y sin fotógrafos que accederían a retirar el monumental haz de flechas de la Jefatura del Movimiento de la calle Alcalá. Lo que fuera, a cambio de un local, unos escaños en el Congreso, que en la mayoría de los casos no representan a los trabajadores ni a aquellos que les votaron.

Y ahí estamos: se diría que, bajo la maldición de los mismos que derrocaron a aquella ilusionante República, un poder sobrenatural se cierne sobre estas tierras. El poder de seducción del fascismo, añadido al fracaso de la socialdemocracia, en dos meses más nos pondrá de nuevo contra el muro. Toda la batalla por la Memoria Histórica, todas las canciones de ¡Ahí, Carmela!, todas las huelgas y las luchas en la cuencas del Nalón, no podrán detener las riadas de votos obreros que ya parecen situar a los herederos de la CEDA en la Moncloa. Otra manera de conmemorar el 20-N.

Y nosotros, al día siguiente del plebiscito, nos miraremos los unos a los otros, de acera a acera, humillados y ofendidos, y sólo nos quedarán fuerzas para repetir una y otra vez: pues yo no les voté.

  Siempre nos quedará el fiel, el insobornable don Antonio Machado…                                                   

…”El vano ayer engendrará un mañana
vacío y ¡por ventura! pasajero,
la sombra de un lechuzo tarambana,
de un sayón con hechuras de bolero;
el vacuo ayer dará un mañana huero.
Como la nausea de un borracho ahíto
de un vino malo, un rojo sol corona
de heces turbias las cumbres de granito:
hay un mañana estomagante escrito
en la tarde pragmática y dulzona.
Mas otra España nace,
la España del cincel y de la maza,
con esa eterna juventud que se hace
del pasado efímero de la raza.
Una España implacable y redentora,
España que alborea
con un hacha en la mano vengadora,
España de la rabia y de la idea.”
                                             1911

27 de septiembre ¡justicia popular!