14 ago. 2011

Reflexión de urgencia sobre los disturbios en la Gran Bretaña

LQSomos. Antoni Puig Solé. Agosto de 2011.

Los disturbios, robos e incendios que recorren varias ciudades de la Gran Bretaña se han convertido en uno de los primeros temas de información mundial. Las imágenes que nos llegan son aterradoras.

Las explosiones actuales demuestran una vez más que hay un segmento de la clase obrera que se siente perseguido por la policía y excluido de la sociedad y que está radicalmente en desacuerdo con esta persecución y exclusión.


El malestar social está más que justificado. La Gran Bretaña es un país donde el 10% más rico ahora viven 100 veces mejor que los más pobres, donde el consumismo de masas se ha basado en el endeudamiento personal y esto ha permitido durante años trampear la situación y dónde, según la OCDE, la movilidad social es mucho más difícil que en el resto de los países desarrollados.

Lo que ocurre es que, de momento, los jóvenes que participan en las acciones se limitan ha luchar contra la policía a quien ven como su enemigo, y a quemar y saquear comercios para poder conseguir una serie de mercancías a las que no tienen acceso debido a su escaso poder adquisitivo.

Aprovechar estas manifestaciones de ira, indignación y asco para tratar a los jóvenes cómo si fueran "delincuentes” es una barbaridad que sirve de excusa para aquellos que no quieren ver las grietas sociales que han abierto las políticas neoliberales.

Pero inicialmente estas acciones difícilmente ayudarán a mejorar las condiciones de vida en los barrios más perjudicados por los recortes sociales: Por un lado, destruyen algunos de los servicios básicos (los autobuses o los contenedores, por ejemplo). Por el otro, ayudan a fortalecer a la policía que a partir de ahora verá ampliadas sus potestades y sus medios para imponer "la ley y el orden" cueste lo que cueste.

De momento, las protestas no van dirigidas ni contra aquellos que se ponen a las órdenes de los más ricos, ni contra los que más se benefician de las políticas neoliberales. Los robos se están produciendo mayoritariamente en las tiendas modestas (muchas de ellas regentadas por negros, asiáticos y musulmanes) y los incendios se expanden en los barrios donde viven los sectores más empobrecidos de la sociedad.

Las protestas, tampoco responden a acciones unitarias, con voluntad de sumar a una mayoría social. Este carácter limitado, puede acabar estimulando y fortaleciendo el racismo y la división entre las clases populares.

El problema de fondo es que las protestas actuales no son capaces de canalizar las iras de los excluidos contra los verdaderos culpables de su marginación. No tienen instrumentos políticos a su alcance para analizar e intentar transformar las cosas.

Estos jóvenes a los que ahora vemos quemando edificios y saqueando comercios, en muchos casos son parados o trabajadores precarios poco calificados a los que se ha colocado en un callejón sin salida. Viven, además, en una sociedad donde los estafadores refinados actúan impunemente e incluso son admirados y presentados como modelos a seguir y donde los bancos, cuando tienen problemas, son rescatados por el gobierno de turno. Por eso, muchos de estos jóvenes piensan que ellos también tienen derecho a hacer el mismo, pero a su manera, saqueando tiendas y grandes almacenes.

Viendo las cosas en su conjunto, si bien tenemos que criticar a aquellos que se dedican a tratar a los jóvenes como delincuentes, pienso que no tendríamos que idealizar estos brotes de protesta dándolos el calificativo de “rebelión” o “revolución”.

En todo caso, este movimiento de protesta puede acabar teniendo un efecto positivo, si las izquierdas y los sindicatos británicos lo aprovechan para denunciar a los verdaderos culpables de la marginación social y para asustar y obligar en el gobierno a aumentar las inversiones en los barrios marginados. Pero esto último también tiene un riesgo, puesto que las inversiones, en caso de llevarse a cabo, estarán gestionadas por un gobierno de derechas que puede utilizar el dinero para comprar a los líderes locales y ampliar así su influencia electora.